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by Dra. María Varò
Múltiples estudios han demostrado que la toxina botulínica es efectiva para el tratamiento y disminución de síntomas de depresión
Es conocido que la toxina botulínica tipo A, o más comúnmente reconocida por sus nombres comerciales: Botox, Dysport o Xeomin, es uno de los procedimientos estéticos no quirúrgicos mas populares y solicitados, pero, ¿sabías que se han realizado múltiples estudios clínicos en los cuales se evidencia mejoría de síntomas depresivos tras su aplicación?.
En la actualidad, la depresión es uno de los trastornos mentales más frecuentes, se calcula que aproximadamente 350 millones de personas alrededor del mundo la padecen, y que, según datos publicados por la OMS – 2018, 800.000 personas mueren anualmente por suicidio, por lo cual se vuelve indispensable disponer de múltiples terapias que nos ayuden con su manejo.
El tratamiento convencional de primera linea incluye medicamentos y psicoterapia, que lastimosamente, pese a realizarse de la manera más adecuada posible, no siempre tiene la mejor respuesta. Hace más de una década, Finzi y colaboradores, publicaron los primeros reportes de casos de mejoría en síntomas depresivos después del tratamiento de la zona glabelar (entrecejo) con toxina botulínica, tras lo que se han realizado múltiples estudios en los que se siguen reportando resultados prometedores pese a que su mecanismo de acción en ésta patología, aún no termina de ser del todo comprendido.
Como ya es conocido, la toxina botulinica actúa paralizando el músculo e impidiendo su contracción, pero en depresión, existen varias teorías que intentan explicar su efecto:
- Relación expresión – autoestima – ánimo: Según esta teoría si tenemos expresiones faciales mas suaves, relacionadas mayor accesibilidad, se logra tener mayor interacción social, con mejoría del autoextima y consecuentemente del éstado de ánimo.
- Teoria de feedback o retroalimentación facial: Ésta asegura que nuestros gestos influyen directamente en nuestros estados de ánimo; y ya que la inyección de toxina en el área glabelar interfiere con la respuesta emocional (impidiendo la expresión de tristeza, ira y rabia) se evitaría permanecer en un estado depresivo. Esta teoría se basa en la hipótesis de retroalimentación facial de Charles Darwin, abalada tiempo después por el psicólogo William James, según la cual nuestros músculos faciales ayudan a representar físicamente nuestras emociones, generando una propiocepción emocional. Acerca de esto, Finzi y Rosenthal, en sus ensayos clínicos proponen que los músculos de la expresión facial juegan un rol central en la codificación y transmisión de información al circuito emocional cerebral (sistema límbico, tallo cerebral, centros del ánimo), y las emociones negativas son encarnadas en parte por los corrugadores, los cuales se ha demostrado estar hiperactivos en depresión, por ende la parálisis de éste, emite el mensaje a nuestro cerebro que el mundo puede ser visto con otros ojos.
- Teoría de interrelación con neurotransmisores: Según la cual la toxina botulínica reproduce cambios neuroquímicos directos e indirectos que reducen depresión, como lo demuestran Kim y colaboradores con sus hallazgos de estudios de imagen (resonancia magnética funcional) en donde se evidencia menor respuesta de la amígdala ante estímulos negativos tras el bloqueo muscular del entrecejo.
Sin embargo, existen varios autores que se oponen a este manejo puesto que consideran que las emociones son mas complejas y que no pueden ser definidas únicamente por las expresiones faciales, lo cual tiene sentido, es por ello que no se recomienda en ningún momento reemplazar el tratamiento definido como ideal para el paciente depresivo por inyecciones con bótox.
Al final, los resultados de múltiples ensayos clínicos sugieren que la toxina botulínica es efectiva en el tratamiento de depresión, pero no podemos recomendarlo como terapia de primera línea, ni dejar de lado el tratamiento convencional, éste, en todo caso, es un excelente complemento para combatir esta patología.

